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VERDADERO

La mayoría de las vacunas que han sido aprobadas para COVID-19 se basan en un esquema de dos dosis para generar una respuesta de defensa ante el virus: una aplicación inicial, seguida de una dosis de refuerzo mínimo 21 días después. Ejemplos de estos esquemas de vacunación son los regímenes aprobados para las vacunas de Pfizer, Oxford-AstraZeneca, Gamaleya (Sputnik V) y Moderna. Sin embargo, dado que la mayoría de las personas que han sido infectadas con el virus SARS-CoV-2 presentan defensas y protección durante al menos 6 meses de haberse recuperado, existe la posibilidad de que una única dosis de vacuna sea suficiente para amplificar esta protección. Esta estrategia es atractiva en el escenario actual, donde el avance de la pandemia y la escasez de vacunas obliga a acelerar los tiempos de vacunación para proteger a la mayor cantidad de personas posible.

Algunos estudios publicados recientemente evaluaron el impacto del régimen de vacunación de una única dosis en las defensas generadas por personas que habían sido infectadas por SARS-CoV-2 varios meses antes. Los estudios que han sido publicados hasta el momento fueron realizados con las vacunas de Pfizer, Moderna y Sputnik V (este último se llevó a cabo en nuestro país). En todos los casos, la estrategia consistió en evaluar los niveles de defensas (anticuerpos) producidos luego de la aplicación de una única dosis de vacuna en individuos con o sin previa exposición al virus SARS-CoV-2. Los investigadores observaron que aquellas personas vacunadas que habían sido previamente infectadas produjeron mayores niveles de anticuerpos después de una sola dosis, en comparación con aquellos vacunados sin infección previa, lo que indica una respuesta a la vacunación significativamente mejorada.

Adicionalmente, un estudio preliminar observó que en las personas previamente infectadas los niveles de anticuerpos no aumentaron después de la segunda dosis de la vacuna. Es decir que una segunda dosis de la vacuna no aportaría mayores cantidades de anticuerpos a quienes cursaron la infección previamente. Así surge la importancia de priorizar a aquellas personas que pueden recibir un beneficio adicional de una segunda dosis, es decir, aquellos nunca antes expuestos al virus, respecto de aquellos que pueden alcanzar una respuesta suficiente tras una única dosis.

Estas investigaciones parecen alentadoras, aunque presentan ciertas limitaciones. En primer lugar, no se tuvieron en cuenta variables como la cantidad de virus (carga viral) que causó la infección inicial, la edad de los participantes, el estado de salud detallado o la gravedad de la infección. Por otro lado, los estudios se realizaron en pequeños grupos de personas y no se pueden extrapolar a otros grupos como adultos mayores o personas con problemas de salud pre-existentes. Tampoco se sabe si estos efectos se verán también con la aplicación de otras vacunas, no evaluadas aún. Tal vez, la limitación más importante es que no se ha demostrado la eficacia de este régimen acortado. Es decir, no sabemos si la aplicación de una única dosis en personas previamente infectadas presenta una alta eficacia en prevenir las infecciones por SARS-CoV-2 como lo hacen dos dosis, según se  demostró en los estudios clínicos de Fase III.

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