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En una entrevista con Confiar, la psicóloga y doctora en psicología de la UBA, Debora Tajer, profundiza sobre la importancia de seguir cuidándonos, el concepto de consentimiento a la hora de tomar decisiones en el marco del distanciamiento social, y la idea de salud como una cuestión integral.

¿Qué son los efectos psicológicos y subjetivos de la pandemia? ¿Podemos salirnos un poco del virus y pensar en el impacto de la pandemia sobre la salud en un sentido más macro, más integral?

La salud es integral, es un estado de bienestar psíquico, físico y social. La salud integral tiene en cuenta también los aspectos psíquicos y sociales, por ello no se puede hablar de una sin la otra. Estamos en una pandemia que tiene un tema epidemiológico muy fuerte, entonces obviamente eso tuvo primacía a la hora de tomar medidas sanitarias, es lo lógico. Pero me parece que ahora tenemos que pensar y reforzar los aspectos subjetivos, porque tenemos cuerpo pero somos personas que tenemos cuerpo, entonces cuando hablamos le estamos hablando a personas. Tenemos que mejorar, darle mucho volumen a todo lo que tiene que ver con los aspectos comunicacionales y los aspectos subjetivos de esto, que no son sólo lo psicológico, entendido lo psicológico en términos de cuáles son las enfermedades que vamos a tener, los traumas que vamos a tener. Esa es una línea de trabajo, y la otra es cómo procesamos psíquicamente y subjetivamente una catástrofe, porque lo que nos está aconteciendo es una catástrofe y mundial.

¿Cómo se vive y se procesa lo que algunos llaman “la pérdida de la libertad” a la hora de tomar decisiones en el marco del distanciamiento social?

Yo diría que hay un tema que es el confinamiento o la cuarentena, y otro tema es la pandemia. En todo caso el confinamiento es un modo de gestión de la pandemia. Pero lo que preocupa es la pandemia, y me parece que a veces se invierten esas cuestiones. No es que el gobierno no nos deja velar a nuestros seres queridos, sino que vivimos una situación cruel en la que no se puede velar. Como si cuidarnos fuera sacarnos libertad… claro que perdemos libertad, obviamente, pero a veces se pierde libertad porque es necesario auto conservarse. Por eso me parece importante que quienes trabajamos en salud mental colaboremos a poder procesar estas cosas y entenderlas. La tensión entre libertad y cuidado es una tensión muy compleja, y también el cuidado de las otras personas. Y ahí voy a uno de los temas de este momento, del distanciamiento. El distanciamiento es porque decidimos distanciarnos, no porque epidemiológicamente estemos fantásticos. No se terminó la pandemia, sino que se decidió que como esto es complejo y va para largo, las personas necesitan poder re-vincularse, poder tener algunas de las experiencias de la vida anterior para estar lo mejor posible para poder afrontar todo lo que falta. Y en ese sentido me parece que empiezan nuevos temas, nuevos desafíos.

¿Hasta dónde la prioridad es lo biológico, el virus, y hasta dónde empezamos a poner en perspectiva la salud mental? ¿Qué herramientas tenemos para lograr ese equilibrio para elegir qué hacer y qué no hacer, cuales son los límites? 

En principio yo diría que no están dados a priori. Hay que pensar cada caso, y quienes trabajamos en salud mental tenemos que ayudar a eso. Las personas jóvenes tienen que cuidarse de sus pares, porque muy probablemente la gente de esa edad piensa que “no pasa nada”; entonces ahí uno tiene que ir viendo con quiénes sí, personas que se cuiden igual que uno, personas que entienden los riesgos.  El punto es ir viendo quienes te van a respetar, quienes no te van a respetar, qué lugares te van a poner en riesgo a vos y en qué espacios te vas a sentir tranquilo o tranquila compartiendo con los demás. Porque el distanciamiento implica no hacer muchas cosas que no están prohibidas; es más, están habilitadas más cosas de las que nos hacen bien. Y esto es un tema también complejo, porque se tiende a pensar que si se puede, está bien, todo lo que se puede está bien que yo lo haga. Pero hay muchas cosas que se pueden hacer, que no está bueno que las hagamos.

¿Cuál es el rol del consentimiento y de la confianza con las otras personas en esta modalidad de distanciamiento social?

Esto es de lo que tenemos que empezar a hablar. De las ganas de vernos y la necesidad de estar con otros, pero también de auto conservarnos y que también el otro respete y tener que negociar. Esto es lo nuevo, tenemos que hablar mucho sobre lo que en otro momento era más espontáneo.  El consentimiento es el nuevo amigo. ¿Qué hacemos, como te cuidás vos, como me cuido yo, dónde lo vamos a hacer, dónde es más seguro? Están las personas que tienen factor de riesgo, que se tienen que cuidar muchísimo y se tienen que cuidar de los otros. Cuando estábamos confinados era más fácil: no nos veíamos y listo. Ahora que nos queremos ver… ¿cómo lo hacemos, de qué manera? Me parece que eso es parte de las problemáticas actuales, A mí me gusta ir a manifestaciones pero no voy a ir, el pañuelazo lo voy a hacer en mi casa. Tomar café, sigo tomando en mi casa. Pero yo lo decido: aunque se pueda, no lo voy a hacer, porque no son las cosas que me mueven tanto.

De algún modo es ir negociando para poder seguir el camino, porque la pandemia sigue. ¿Cuál será el impacto a largo plazo de todo esto?

La metáfora es que no se trataba de una carrera de 100 metros, sino que es una maratón, entonces hay que ir dosificando los esfuerzos. Insisto en que este momento de distanciamiento es parte de la maratón, estamos volviendo a re-vincularnos para poder tener fuerzas para seguir. En términos epidemiológicos yo no sé si hubiera sido la mejor decisión esta, sino que se está tomando por razones sociales y psicológicas, y económicas también. Creo que esto nos puede servir para entender que podemos tener toda la agenda planificada, pero existen el azar y el acontecimiento. Entonces se trata de cómo voy haciendo el ajuste entre lo que yo quiero y lo que se puede, lo que se puede en este momento, lo que se podrá después; esto es parte de la negociación interna que tenemos que ir haciendo y soportar que muchos de los planes pueden ser puestos para adelante. Y si entendés eso, también tenés el antídoto. Inventarse planes, planes posibles. Ir creando cosas, eventos o situaciones que te entusiasmen dentro de lo que se puede. A estas generaciones les va a tocar procesar los impactos de la pandemia, pero tenemos que tener confianza de que todas las generaciones de alguna manera han tramitado lo traumático que les tocó.

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