En un video viralizado en Instagram y cadenas de WhatsApp se difundió información falsa acerca de la composición “tóxica” de las vacunas. En el video, irónicamente, se describen los compuestos que forman parte de las vacunas (listados por la CDC de EEUU), como “saludables”; mientras que en las cadenas de WhatsApp se detalla el mismo listado pero indicando los daños asociados a dichos compuestos, por ejemplo, el aluminio.

¿Por qué es falso?

El aluminio es un metal muy poco tóxico. Esto significa que se necesita una gran exposición para generar efectos dañinos en nuestro organismo. Es un elemento abundante en el ambiente. Está presente en muchos alimentos, en productos de higiene personal que aplicamos a nuestra piel (como desodorantes) y en muchos medicamentos.
Las vacunas buscan entrenar a nuestro sistema de defensa para reconocer a los organismos que pueden enfermarnos. De esta manera, se aprende a reconocerlo, para poder combatirlo más rápidamente si nos infectamos en algún momento. Algunas vacunas utilizan en su formulación sales de aluminio, que ayudan a estimular a nuestro sistema de defensa para que reconozca al patógeno o a una porción del
mismo y responda mejor. Los niveles de aluminio contenidos en estas sales son demasiado bajos como para considerarse tóxicos.
Varias agencias gubernamentales, basándose en estudios, establecieron para distintas sustancias las cantidades que podrían ser tóxicas. Se determinó de esta forma la cantidad máxima a la que uno puede estar expuesto, diariamente, sin que se genere ningún daño. En el caso del aluminio, la cantidad contenida en las vacunas no supera este nivel máximo. Más aún, en un estudio en el que se evaluaron los efectos adversos luego de la exposición a vacunas que contenían sales de aluminio, no se encontró que pudieran causar ningún efecto grave en humanos. Sólo se observaron algunas reacciones leves en la piel en el sitio de aplicación, lo cual suele ser frecuente en las vacunas en general.

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