En un video viralizado en Instagram y a través de cadenas de WhatsApp se difundió información errónea acerca de la composición “tóxica” de las vacunas. En el video, irónicamente, se describen los compuestos que forman parte de las vacunas (listados por la CDC de EEUU), como “saludables”, mientras que en las cadenas de WhatsApp se detalla el mismo listado indicando “los daños” asociados a dichos compuestos. Uno de ellos es el ADN humano.

¿Por qué es falso?

El ADN es un compuesto orgánico llamado ácido desoxirribonucleico y es el material genético de distintos organismos. Los seres humanos están formados por conjuntos de células, que son las que componen todos los tejidos, y cada una de ellas contiene ADN. Es el que tiene las instrucciones que la célula necesita para desarrollarse y funcionar, y a su vez es responsable de transmitir dicha información a la descendencia. Todos los humanos tenemos un ADN muy similar, pero con una pequeña cantidad de diferencias suficiente para hacernos muy distintos unos de otros.

El ADN está en las células de todos los seres vivos, incluidas las plantas. Por lo tanto,  lo consumimos a partir de cualquier alimento que provenga de un ser vivo (como carne o vegetales). También internalizamos ADN proveniente de otras personas; por ejemplo, durante el embarazo que llega ADN del feto a la sangre de la madre, o en el caso de los bebés cuando toman leche materna; incluso cuando inhalamos el polvo de la casa (que contiene células de la piel descamada). 

Las bacterias, algunos virus y hongos también tienen ADN, diferente al nuestro, y cuando nos infectan también ingresa a nuestro organismo. Nuestro sistema de defensa generalmente es capaz de combatir estos gérmenes y eliminarlos. En este proceso también destruye su ADN.  

Las vacunas suelen estar hechas con el mismo patógeno contra el cual se quiere proteger, o con alguna de sus porciones. Para poder generarla, uno de los primeros pasos es  multiplicar a este patógeno, o la parte de interés, para tenerlo en grandes cantidades. Con este fin, se pueden usar células que provienen de distintos tejidos humanos o de animales como “fábricas” de estos virus. Estas células están modificadas para poder multiplicarse indefinidamente, por lo tanto no es necesario volver a recurrir a ese tejido para obtenerlas, sino que se comercializan a nivel mundial. Se llaman líneas celulares. 

Algunas vacunas se generan mediante el cultivo del virus en células derivadas de tejido fetal aisladas, cultivadas y modificadas hace más de 40 años (Para más información, ver: https://confiar.telam.com.ar/es-falso-que-las-vacunas-contra-covid-19-se-produzcan-con-celulas-de-fetos-abortados/).

Es importante remarcar que para la vacuna sólo se necesita el patógeno, por lo que se lo aísla eliminando de esta formulación a las células que le permitieron multiplicarse. Ni las células animales ni su ADN quedan en la formulación final. Además, el ADN no es estable ante la exposición a ciertos productos químicos y procesos, por lo que la mayor parte se destruye en la elaboración de la vacuna. Si quedase algún rastro sería en fragmentos pequeños y en muy poca cantidad. Aún así, es improbable que estos restos pudiesen interactuar con nuestro propio ADN, al igual que ocurriría con el ADN fetal en las mujeres embarazadas.

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