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APRESURADO

Cada vez que un virus se multiplica, realiza copias de su material genético, pudiendo surgir errores y generándose así cambios denominados mutaciones. Esto ocurre naturalmente; hay virus que tienen más tendencia a ir variando su material genético y otros que no cambian tanto. Desde que se conoce al nuevo coronavirus o SARS-CoV-2, se ha observado que posee baja diversidad en su material genético, es decir, que es de los que no cambia tanto. SARS-CoV-2, como todos los coronavirus, está formado en su exterior por una envoltura que contiene unas proteínas con forma de espina (que conforman una especie de corona al visualizarlos al microscopio, de ahí el nombre coronavirus). Estas espinas o espigas (proteínas S) son las que interactúan como una llave con las células de nuestro organismo para que el virus pueda ingresar e infectarnos.

Se encontró que una variante del SARS-CoV-2 (cepa D614G) se encuentra con mayor frecuencia en personas infectadas desde abril. Esta variante tiene una modificación en el material genético respecto a la cepa original de Wuhan, que implica un cambio en las proteínas espiga o S. Es decir, que las espigas de esta cepa son levemente distintas a las de la cepa original. Se observó que las personas que se infectan con esta cepa tienen más cantidad de virus (carga viral). Sin embargo, no presentaron mayor severidad en la enfermedad COVID-19. Si bien esta cepa podría infectar más fácilmente que otras, aún se necesitan realizar más estudios para ver si tiene algún efecto en la infectividad o contagiosidad del virus. Por el momento, no hay evidencias que indiquen que por el sólo hecho de tener mayor cantidad de virus en el cuerpo, se transmite más. Tampoco hay pruebas que demuestren que una mayor carga viral implique una mayor severidad de la enfermedad.

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